-Así que… ¿Los cinco mejores asesinos del mundo, eh? – Preguntó la mujer en tono despreocupado
-Así es. Lo que sea para usted, señorita Brown
-Vaya, vaya… Se esforzaron con cumplir esta orden, ¿No es así? –preguntó la señorita Brown viendo el rostro nervioso y delgado del hombre. Le sonrió con algo de simpatía.
-Sus deseos son nuestra primera prioridad, señorita Brown.
-Ya deja de llamarme señorita Brown –murmuró despectivamente la mujer peinando hacia atrás su larga cabellera castaña- Soy Valerie Marie Brown ¿Comprendes?
-Si, señorita Marie.
-Bien hecho. Ahora, ¿Cómo consiguieron que los mejores cinco asesinos del mundo quisieran este…pequeño capricho mío?
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-Tonta Inglaterra con su tonto clima –siseó el muchacho al entrar al edificio, pasar por el recepcionista y notar como su traje perfectamente a su medida, se había estropeado irremediablemente, a sus ojos, por el patético clima inglés- ¡Tendré que recorrer media Alemania para volver a encontrar esta ropa!
Todavía farfullando contra la isla, el clima, los habitantes y hasta la reina Victoria, apretó el botón del elevador y esperó a que este llegara al piso actual.
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-No ha sido fácil… tuvimos que–
-Basta, basta. No me importan detalles. ¿Todos dijeron que sí por el dinero ofrecido? –preguntó Valerie con impaciencia
-Si, lo hicieron, señorita Marie. Saben que será un placer servirla.
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Cuando se abrió la puerta del elevador, se encontró frente a frente con un hombre de su misma edad, más o menos.
-Buenos días –saludó sin mucho ánimo y el otro no hizo más que un gesto con la cabeza devolviendo el saludo.
El botón del piso a donde quería ir ya había sido pulsado, así que se limitó a observar indiferente la decoración discreta del ascensor.
El otro hombre, vestido casualmente pero con cierta elegancia, parecía absorto en sus pensamientos y en la música de Ipod que llevaba.
-Christophere Gloeckner –se presentó tendiéndole la mano al otro hombre y ensayando una sonrisa- Un placer
-Joshua Nielsen –Replicó el otro, dándole la mano- El placer es mío.
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-¿De donde son, exactamente? –Preguntó Valerie con curiosidad- ¿Vendrán a Inglaterra para “la entrevista” o debemos ir a donde están ellos? No estoy dispuesta a dejar Inglaterra para conocer a mis futuros trabajadores.
-Ellos ya están en Inglaterra, señorita Marie. Vinieron expresamente para “la entrevista”. Un alemán, un danés, una tailandesa, una canadiense… ¿Cuál me falta? ¡Ah, sí! …Un francés.
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-¿Su nombre, por favor? –Preguntó el recepcionista a la recién llegada.
-Kayna Wongsawat –Respondió la mujer dándole una sonrisa entre seductora y amenazante- Me llamaron para una entrevista aquí. ¿No es así?
-¡Oh! Usted está para la entrevista…-murmuró el hombre nerviosamente, dirigiendo su mirada a cualquier lugar, excepto a la pequeña y sonriente mujer asiática.
-¿No va revisar la lista que tiene en las manos?
-¿Perdone?
-La lista, querido. Supongo que le pidieron que tuviera esa lista para que dejara pasar a quien debe dejar pasar –Le sonrió como quien sonríe a un niño pequeño cuando hace algo bobo.
-Pa-pase adelante, Señorita Wongsawat –tartamudeó el hombre, ruborizado y nervioso- Piso 17, oficina 308.
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-¿Ningún italiano? ¿Chino? ¿Ruso? ¿Siquiera japonés? –Preguntó Valerie vagamente decepcionada- Con todo el lío de las mafias italianas, chinas, rusas y japonesas… ¿Ninguno es lo suficientemente bueno para ser un candidato?
-Al parecer no, señorita Marie. Si lo fuera, lo tendríamos a su servicio. Nunca haríamos algo para decepcionarla.
-Lo sé, lo sé.
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-Disculpe, ¿Esta es la oficina 308? –preguntó la muchacha asomando la cabeza en la habitación, con el fuerte acento subrayando cada una de sus palabras.
Se encontró con un hombre sentado cómodamente en un sofá pegado a la pared. El hombre la vio sorprendido, para luego hacerle señas que se acercara y que se mantuviera callada un rato.
-Lo lamento –murmuró ella entre dientes.
Lo había interrumpido en medio de una llamada telefónica.
El hombre dijo algunas palabras más en fluido francés y después colgó.
-Lo siento –le sonrió a la muchacha mientras le hablaba en inglés- Esta si es la habitación 308. Yo también estoy esperando ser atendido aquí.
-Gracias por la información –replicó ella en francés también fluido.
-Hubiera jurado que eras Estadounidense –Se excusó el hombre también en francés.
-Canadiense. De Quebec, para ser exactos.
-¿En serio? –Preguntó el hombre despreocupadamente- Qué suerte, al fin alguien normal entre tanto… adorable inglés.
La muchacha rió. A ella le desagradaban también los mojigatos ingleses.
-Soy Avril Gagnon –se presentó la muchacha sonriéndole amablemente.
-Jean François Blanc –Le sonrió cansinamente el hombre- A sus órdenes.
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-¿Y en qué parte de Inglaterra están ahora?- preguntó la mujer peinando su fleco distraídamente
-Si no me equivoco, en unos cinco minutos estarán todos detrás de esa puerta, preparados para que usted los conozca. –señaló el hombrecillo con un ademán ligero.
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Avril y Jean observaron entrar a dos hombres a la oficina. Uno, completamente empapado y al parecer algo molesto y el otro completamente distraído, abrigado y seco.
-¿Oficina 308? –preguntó Christophere con su marcado acento alemán.
-Oficina 308 –Replicó Jean- ¿Vienen juntos?
-¿Ah?
Jean señaló disimuladamente al hombre distraído. Al parecer, Christophere no se había dado cuenta que Joshua había dejado también el ascensor.
-Er auch? –murmuró en alemán Christophere entre dientes, sorprendido.
-¿Perdona? –preguntó Joshua quitandose un audifono del Ipod
-Nada.
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-¿¡Cinco Minutos?! –preguntó Valerie casi abalanzándose sobre el hombre- ¿¡Y me avisas hasta ahora?! ¡Tengo otros planes! ¡Maldita sea, me voy a tener que quedar aquí!
Le dirigió una mirada gélida y fulminante al pobre hombre
-Qué tu seas un gusano sin vida social, es tu problema. Yo si tengo una vida social… Y me harás quedarme por tu ineptitud. Bravo, te has ganado un poco más de mi odio.
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-¿Esta es la oficina 308? –preguntó Kayna entrando en la habitación y repasando con la mirada a los ocupantes. Les sonrió seductivamente a Christophere, Jean y Joshua, sonrisa que el alemán y el francés correspondieron. A Avril le dirigió una mirada de complicidad.
-Así es –le respondieron Christophere y Jean al unisono.
Joshua se limitó a buscar algo en el Ipod y Avril suspiró por la ineptitud de los hombres ante una mujer.
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-¿Qué estás esperando? –Le preguntó Valerie al hombrecillo que, literalmente, temblaba de pavor- ¡Abre la puerta inmediatamente y déjalos pasar!
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-¿Christophere Gloeckner, Joshua Nielsen, Avril Gagnon, Jean Blanc y Kayna Wongsawat? –Les preguntó un hombrecillo aterrorizado a los ocupantes de la habitación.
Todos asintieron.
-La señorita Marie desea verlos.
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(Introducción de una historia. No tiene ningún argumento por ahora
pero ya veré que me invento! Comentarios, por favor?)

muy interesante ¬w¬!!
esta muy padre!!!
ojala y la continues me encanto ^^
Por: jessi el 2010/11/18
a las 23:58
Gracias, Jessi! >w< Yo también espero continuar =_=U
Por: anilyn el 2010/11/19
a las 4:18
Gracias, por tu opinión. Realmente, no buscaba que el personaje representara un feminismo radical, si no simplemente una conducta caprichosa e inestable.
Gracias otra vez por tu opinión y lamento que hayas perdido a alguien importante para ti.
Por: anilyn el 2010/11/17
a las 19:25