Posteado por: anilyn | 2010/05/23

Nehura

La doctora entró a la clínica animada por el aspecto exterior en general. Un jardín ornamental por un lado, mal plantado, se notaba, pero con cierto aire divertido y gentil. Muchas personas se paseaban por allí, tanto solas y con la vista perdida en el paisaje, como personas hablando con sus acompañantes.

Por el otro lado, un jardín bien organizado y lleno de hortalizas y mensajes clavados pidiendo amablemente que nadie pisara o se comiera la tierra del lugar.

Una pequeña mansión, pintada de colores agradables y terrosos (algo inesperado, admitió la doctora, al fin y al cabo, era una clínica) en medio de ambos jardines.

-Compañero Stavros, ¿En que proyecto te habrás metido ahora? –Preguntó la doctora con una sonrisa y un suspiro – y aún peor, ¿Con que pobre diablo lo estas emprendiendo?

Llamó a la puerta con algo de inseguridad, pero un deje de curiosidad. Una voz desde dentro aclaró el hecho con un obvio “¡Llaman a la puerta!” de una voz juvenil y ronca. Apenas unos segundos después, una jovencita de aspecto agradable abrió.

-¡Doctora Elizabeth! –Canturreó la muchacha con el rostro iluminado- ¿Es usted, cierto? ¡El doctor Stavros y Chiaro han hablado tanto de usted! ¡Pase adelante, pase!

-Gracias –sonrió la doctora mientras caminaba dentro de la clínica, algo incomodada por la atención de la joven

-¡Regreso en un minuto con el doctor y con Chiaro! –Anunció la muchacha mientras corría adentro de la casa- ¡Póngase cómoda!

La doctora comenzó a inspeccionar lentamente el hogar con cierta curiosidad. Estaba llena de personas.

Un muchacho hablaba con una mujer de aspecto cansado y algo melancólico. Un hombre de aspecto agradable y alegre, como un abuelo jovial, interrogaba de forma simpática a una mujer que gesticulaba mucho con las manos mientras que su rostro se mantenía inmóvil y distante.

Bastantes personas caminaban cada uno en su espacio y problema.

-¡Doctora Elizabeth! –Llamó una voz masculina y alegre.

La doctora volteó en dirección a la voz, encontrándose con un hombre joven, de rostro y ojos amables y felices. Era delgado y de estatura normal para la edad que la doctora le calculaba. El cabello desordenado, corto y rubio le daban aspecto caótico mientras que la sonrisa en su rostro le daba aspecto algo infantil y servicial. La bata de doctor le daba un aire de anticipado orgullo

-Buenos días –saludó la doctora dando por terminada su rápida inspección al hombre- Usted debe ser Chiaro, ¿No es así?

-Eh… si, soy Chiaro –respondió dándole la mano a la doctora Elizabeth- Encantado de conocerla.

-Interesante. El doctor Stavros no mencionó de su socio era estudiante de medicina. Mi error, asumí que usted era un doctor –murmuró la doctora.

-¡Si soy un doctor! –Rió Chiaro con algo de nerviosismo- Mi madre era una maestra, mi padre doctor en la guerra y mi abuelo médico forense…supongo que eso me ayudó a saltarme unos años en la escuela y de mi especialidad de medicina, ¿No cree usted? El doctor Stavros también creyó que era estudiante cuando le sugerí el proyecto.

-Ya veo –respondió sorprendida la doctora- Todo un descendiente de doctor.

-Y de psicópatas –murmuró Chiaro – pero esa es otra historia ¿Me acompaña con el doctor Stavros, por favor?

-Deje, Chiaro, ya estoy aquí –respondió la estridente voz de Alexander Stavros mientras entraba en la habitación- Esa niña suya hizo tanto escándalo que tuve que salir del estudio tan rápido como me fue posible.

Alexander Stavros resultaba tan imponente como joven parecía Chiaro. Su rostro de expresión severa y calculadora era respaldado por la mirada fuerte de sus ojos oscuros. El cabello y su corta barba se mantenían impecablemente en su lugar, adornando con rigor la línea tensa que formaban sus labios.

-Doctor Stavros, cuanto tiempo sin vernos –murmuró la doctora Elizabeth mientras lo saludaba con un apretón de manos.

-Si, así es, Elizabeth. –Murmuró de forma distante como respuesta mientras hojeaba una lista que tenia entre las manos- ¿Procedemos a ver los pacientes que podrían darle problemas cuando trate con ellos en esta clínica? Ya he perdido bastante tiempo buscando médicos capacitados para atender este lugar. Todos unos inútiles, pero creo que usted podría hacer un trabajo decente.

Solo con aquel fuerte y arrogante comentario, la doctora Elizabeth estaba dispuesta a darse la vuelta y largarse. Había olvidado cuan irritante era Alexander, pero la expresión suplicante del supuesto doctor Chiaro la hizo cambiar de opinión. Si se largaba, significaría más martirio para el pobre muchacho.

Sin mucho animo, pero dispuesta a sacrificarse por el pobre hombre, la doctora Elizabeth los siguió a ambos unos cuantos pasos hasta tener de frente a la primera paciente.

-La paciente número uno es un caso único. Hipermnesia sin entrenamiento, manías o delirios. Podría preguntarle que hizo a esta misma hora y día hace veinte años y le aseguro que podría saberlo –explicó el doctor Stavros mientras señalaba a la mujer de aspecto cansado y melancólico.

-Su nombre es Patrice Jeremian –anunció Chiaro dedicándole una sonrisa cálida a la mujer- Tiene una gran memoria. También le encantan los juegos mentales y las películas. Tiene sus días malos y buenos…hoy está en los malos, doctora, por favor sea amable con ella.

-Continuando con los pacientes –prosiguió el doctor sin dirigirle una mirada a Chiaro mientras señalaba al muchacho junto a la mujer- Este es Uskaab. No le explicaré sobre el, debido a que viaja con el doctor Chiaro como su “familiar”.

-Gracias por la presentación, señor Stavros, no me hubiera alabado tanto, me estoy sonrojando –gruñó el muchacho con desden hacia Stavros, con su voz ronca y juvenil concorde a su edad.

-¿Ambos son parientes? –preguntó la doctora sorprendida por el hecho que ninguno de ambos se parecía en los más mínimo.

-No –siseó Uskaab- No tengo ningún lazo de sangre con ninguno de esos dos.

-Adopté a Uskaab cuando se comenzó este proyecto –explicó Chiaro- Sufre de cleptomanía y trastorno bipolar. Viajará conmigo y con sus hermanas.

-El paciente siete y la paciente dieciocho –señaló Stavros al hombre mayor y a la mujer sin expresión después de unos pasos en su dirección- Amnesia anterógrada y síndrome de Moebius, respectivamente. Usualmente el paciente siete pregunta quienes somos y que hace aquí varias veces al día. Distráigalo con algo, olvidará la pregunta enseguida.

-Palmere Evans y Andy Howard –replicó Chiaro mientras el doctor Stavros volvía a sumergirse en la lista que llevaba entre las manos- a Palmere le encanta contar lo que recuerda antes de perder la habilidad de hacer recuerdos nuevos y los programas de radio. Andy es muy charlatana también. Casi siempre se los ve hablando juntos.

-Vamos a los dormitorios –señaló el doctor Stavros- Allí estarán otros pacientes de los cuales es preciso advertirle.

-¿Preciso advertirme? –Preguntó la doctora de forma alarmada- ¿Alguno de sus pacientes es peligroso?

-Lo único realmente “peligroso” en la clínica, es el compañero Chiaro aquí presente –gruñó el doctor Stavros- Pero ciertos pacientes pueden crear ligeros problemas.

La doctora Elizabeth le dirigió una mirada sorprendida a Chiaro mientras este se ruborizaba de vergüenza y bajaba la mirada.

-Solo son ligeros contratiempos con la anestesia y dosis de medicamentos –Murmuró en voz baja- nadie ha tenido problemas con mis pequeñas equivocaciones si no contamos el doble de tiempo en despertar. Usted debería contratar un anestesiólogo, doctora Elizabeth… toda la gente aquí ha tenido suficiente anestesia para dormir elefantes.

-Los pacientes de los dormitorios no tienden a salir mucho –Dijo el doctor Stavros mientras ignoraba la excusa y recomendación de Chiaro- Pero solo hay dos personas que le pueden dar problemas allí adentro.

Siguiendo a Stavros en silencio, la doctora admiraba como pasaban pacientes sin problema mayor alguno y sin crear tumulto.

Nadie vestía como en los hospitales y la gente se veía más animada que en uno.

-El paciente cincuenta –murmuró Stavros mientras abría la puerta de un dormitorio en el cual su ocupante hacia un movimiento parecido a un estornudo y soltaba una palabrota sin motivo aparente alguno- sufre de el síndrome de Tourette.

-Ellias Collins. No sabemos realmente porqué vino a la clínica, el síndrome no interfiere con la vida cotidiana…pero aquí está –Rió Chiaro mientras le daba la mano al hombre y este repetía el tic- tiene un carácter algo fuerte, así que a veces causa problemas, sobre todo con los pacientes sordos.

-En la habitación continua –murmuró Stavros mientras salía de la habitación- está la paciente veintitrés. Autismo, así que no toque ningún objeto de la habitación.

El doctor puso la mano derecha de forma teatral sobre el pomo de la puerta, pero al parecer no tenia ninguna prisa en abrirla teniendo en cuenta el hecho que consultaba el reloj que tenía en la muñeca izquierda despreocupadamente. Chiaro tampoco parecía muy dispuesto a abrir la puerta, ocupado en responder las preguntas de una enfermera o voluntaria del centro recién salida de una habitación continua.

-¿Se puede saber que estamos…

-Listo –Anunció el doctor Stavros mientras giraba el pomo y entraba en la habitación.

-Buenos días, Adeline –saludó Chiaro a la muchacha dentro de la habitación.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

La intro de una historia mia llamada Nehura :3 está larga y todavía faltan detalles y descripciones, pero en vista de un bloqueo en mi cabeza, decidí postearlo así. Qué les parece? (Si, estoy mendigando recomendaciones, pero enserio, necesito comentarios sobre lo que escribo! por favor! Si no, como demonios sé si estoy en buen camino?) Gracias po su atención >3<

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